Antes de morir, Tristan le prometió a Ivy que la protegería y que la querría para siempre. El amor verdadero nunca muere.
Ivy es nueva en el instituto de Stonehill, una localidad cercana a Nueva York a la que acaba de mudarse con su hermano y su madre. Es una chica responsable, tímida, buena estudiante y un poco solitaria que siempre ha creído en los ángeles, que considera sus mejores y más fieles aliados. Pronto hace un pequeño círculo de amigas que la ayudan a integrarse a su nueva vida y al instituto.
Tristan es el capitán del equipo de natación. Es un chico inteligente, valiente y uno de los más populares del instituto, aquel por el que suspira la mayoría de las chicas. Cuando Ivy y Tristan se conocen no pueden evitar sentir que están hechos el uno para el otro, son almas gemelas, y se convierten en la pareja perfecta.
Todo cambia cuando Tristan muere repentinamente en un accidente de coche. Ivy cree haberlo perdido todo, incluso su fe en los ángeles que, esta vez, parecen haberla abandonado... hasta que empieza a sentir cosas extrañas a su alrededor, como si una misteriosa presencia la acompañara, estuviera junto a ella, la protegiera...
Empieza ni más ni menos que con la muerte de Tristan, para situarnos inmediatamente después en el pasado de la pareja: cómo se conocen, cómo se enamoran... Por eso, en un principio y debido a este salto cronológico, la novela puede desconcertar un poco. Sin embargo, mediante vas leyendo, te vas haciendo con lo que ocurre y conociendo cada vez más y mejor a los personajes, llegando a tomarles un cariño increíble.
La manera de escribir de Elizabeth Chandler esrápida, sencilla y con enganche. Los diálogos, sin embargo, son a veces poco naturales y bastante confusos. No obstante, cómo escribe la autora me ha gustado porque en apenas un suspiro ya había devorado el libro, y la alteración del orden cronológico que os he comentado antes me ha parecido muy original y acertada.
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